Salí de Cuba a los 19 años, con una maleta, el inglés a medias, cero contactos profesionales en este país. La mayoría de la gente en esa situación busca sobrevivir. Yo encontré mi vocación.
La tecnología se convirtió en mi idioma antes de que el inglés lo fuera. Me enseñé a programar absorbiendo todo lo que podía encontrar. En pocos años no solo trabajaba con tecnología, la estaba enseñando. Llegué a capacitar a más de 2,000 profesionales en desarrollo web, diseño gráfico y habilidades digitales, muchos de los cuales consiguieron su primer empleo en tecnología gracias a esos programas.
Esa experiencia me enseñó algo que ningún libro universitario puede darte: la transformación tecnológica más poderosa no es un producto ni una plataforma, es el momento en que una persona se da cuenta de que puede controlar su propio futuro digital.
Hoy canalizo esa convicción en todo lo que hago. Como desarrollador full-stack, especialista en ciberseguridad, diseñador UI/UX y consultor bilingüe, he construido herramientas y estrategias para negocios de todos los tamaños. Y como fundador, lancé dos empresas diseñadas específicamente para servir a comunidades que la industria tecnológica demasiado frecuentemente ignora.